Matt Cutts, exlíder del equipo anti-spam de Google, explicó en un vídeo en 2011 los riesgos del cloaking. Esta práctica consiste en mostrar un contenido diferente a los usuarios y a Googlebot, una práctica que infringe las directrices de Google. Es una técnica de alto riesgo que puede derivar en penalizaciones.
El cloaking era común en los inicios de los motores de búsqueda. Algunos webmasters mostraban a Googlebot contenido inofensivo y, al usuario, material completamente distinto, como contenido para adultos. Google prohibió esta práctica porque daña la experiencia de usuario. No existen formas “éticas” de cloaking. Cualquier variante puede ser detectada y sancionada.
Para evitar riesgos, Cutts recomendó verificar que el contenido mostrado a Googlebot coincida con el de los usuarios. Usar hashes puede ayudar a detectar discrepancias, aunque no es infalible debido a la naturaleza dinámica de las páginas. Elementos como marcas de tiempo o anuncios pueden causar variaciones sin ser cloaking.
Otra señal de alerta es si el servidor ajusta el contenido basándose en el user-agent de Googlebot o su IP. Al servir información distinta solo para Googlebot, es probable que se incumplan las directrices.
Cutts aclaró que ofrecer contenido adaptado a IPs geolocalizadas o dispositivos móviles no es cloaking. Es válido mostrar versiones regionales o adaptadas si no se hacen excepciones específicas para Googlebot.
El consejo clave es tratar a Googlebot como a cualquier usuario. Si ambos ven lo mismo, se minimizan los riesgos. Las discrepancias reales son detectables y pueden afectar negativamente al ranking.
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